Ayer, el director de RPDC dejo escapar una flatulencia
tras una crucial pregunta.
En el día de ayer, aproximadamente a las diez de la
mañana, en la sede central de la famosa empresa RPDC (Red de Producción y
Distribución de Combustible) el director de la empresa, Joaquín Martínez, dio
una conferencia de prensa acerca de las futuras mejoras en la variedad de sus
productos y la calidad de los mismos.
La conferencia empezó bien. El Sr. Martínez empezó dando
un discurso bastante breve pero conciso en cuanto a la producción de Diesel y
sus nuevas variedades, Diesel Ultra y Diesel Plus. Luego habló de la nueva
maquinaria que implementaría en sus yacimientos petrolíferos, como máquinas de triple
eje que multiplicarían la velocidad de extracción.
Hasta el momento todo iba bien, Martínez lucia seguro y fuerte frente al
micrófono, pero todo cambió cuando empezó el momento de las preguntas. El
director era conocido por su sabido infortunio a la hora de responder y
encontrarse en situaciones que lo pusieran entre la espada y la pared. En una
ocasión había expulsado los demonios de su estómago sobre el tablero de una máquina
luego de una pregunta que lo podía comprometer, en su casa, ya que se le
preguntaba por la famosa actriz Janis Grifindor, quien era el centro de
atención en ese momento por haber quedado semidesnuda ante las cámaras en un
evento. Joaquín intentó responder con voz temblorosa, pero le fue imposible y
vomitó por completo el tablero, arruinando así la maquina que había costado
millones.
Al empezar el cuestionario, Martínez había tomado su vaso
de agua y estaba listo. La primera fue sencilla e hizo que se sienta mas
seguro. Pero la segunda no le trajo la misma suerte. Le preguntaron si eran
verdad los rumores de que sus máquinas tenían una seguridad muy baja y que
hacían correr peligro a sus operarios. Esto era cierto, razón por la cual Martínez
entro en pánico. Podía mentir, pero eso le costaba mucho y no sabía cómo
parecer creíble. Hubo un momento de silencio. Nadie hablaba. Solo esperaban una
respuesta. En ese preciso instante se escuchó un sonido. Un sonido por todos
conocido y venia desde la silla plástico en la que estaba sentado Martínez. Era
el sonido de la flatulencia del célebre empresario! Nadie lo podía creer y no
sabían muy bien que hacer. Esto cambió cuando se escuchó la voz chirriante de
un niño gritando “se tiró un pedo!” Todo ser viviente que allí estaba estalló
en una carcajada con la fuerza de un tsunami, dejando avergonzado al
empresario.
Pudimos hablar con el chico que detonó, con una sola
frase, algo que quedará marcado en la historia del Sr. Martínez.” Todo el mundo
estaba callado” nos dijo “no sé porque se quedaban tan serios, se había tirado
un pedo!” El chico volvió a reír hasta las lágrimas y decidió no decir mas.
El mal momento que pasó aquella eminencia en la economía
se transformaría en algo que mancharía su historia y lo marcaría por siempre
con el nombre con que el pueblo lo apodó:” El señor de las Flatulencias”.